Libertad consumista, estereotipos sociales y sistema capitalista: Resistencias en el siglo XXI

bebe¿Somos realmente libres en un mundo que constantemente nos habla de libertad?. Como bien nos explica Foucault, el poder ha entrado en los cuerpos para ejercer control sobre ellos, para disciplinarlos, para volverlos productivos en términos capitalistas. El cuidado de la salud del bebé, por citar un ejemplo, será solo con motivo de conservar intacta su fuerza potencial de trabajo, esa que luego “venderá” en ínfimas condiciones laborales en el mercado.

   Estamos acostumbrados a creer que actuamos libremente. Peor aún, que pensamos libremente. La dominación sutil que el capitalismo ejerce sobre la mente de las personas a través de diversas tecnologías de dominio, ha logrado efectuar una de las facetas más perversas del sistema: la libertad ilusoria para todos pero su apropiación real solo para unos pocos. Todos en teoría podemos ser “propietarios”, pues la libertad está garantizada jurídicamente, pero en verdad ella nos es negada de hecho. Nadie es pobre en la ley.

¿Qué es ésta la libertad ilusoria? Mientras entre dos opciones pensamos que elegimos una de ellas por gusto y decisión propia, ha habido toda una grandiosa estrategia publicitaria y un sistema previo de “conquista de subjetividad” que ha hecho que elijamos la opción A y no la B. Creemos que es nuestra decisión elegir tal opción A, pero en verdad, múltiples mecanismos han actuado sobre nuestras mentes y cuerpos para llevarnos a elegir dicha opción, la más productiva para el sistema capitalista, y no la otra. “Somos consumistas porque queremos”, cuando de hecho hemos sido transformados en consumistas. El deseo del opresor ha pasado a convertirse en deseo del oprimido, en gustos, en preferencias, solo con motivo de lograr una detallada segmentación de mercado que nos permita consumir, consumir y consumir “lo que nos gusta”. Es así como el consumo, una necesidad del capitalismo, se ha transformado en deseo subjetivado de los cuerpos, mentes y almas de las personas. El secreto está allí, en creer que nadie nos presiona a elegir, que somos libres, que son nuestros gustos, que “tú y yo somos así”.

El capitalismo a través de las nuevas tecnologías ha podido naturalizarse en las prácticas sociales de los individuos. Somos sujetos construidos bajo una racionalidad científico-tecnocrática que como tal se nos presenta como racional, como normal y natural. A tal punto que llegamos a pensar: “no hay nada de malo en que quiera comprarme cierta ropa, consumir tal producto alimenticio, escuchar tal música o cambiar mi celular cada tres meses”. La naturalización del capitalismo es la eliminación paulatina de formas de vida alternativas a los actuales patrones de consumo que devastan los más heterogéneos elementos del planeta Tierra.

El capitalismo es la base de estructuras sociales y tipos de pensamiento como el racismo, el machismo, la homofobia, la explotación ambiental, el sexismo y de instituciones sociales como el matrimonio, la familia, la propiedad privada y las más diversas sociedades burguesas de dominación. La pobreza, fruto de tal sistema, parece ser causa ajena, el opresor se posiciona fuera del discurso ideológico, de la culpabilidad de los males sociales, y es más, se ubica como actor “solidario” para combatir los “desvíos” que en realidad él mismo ha creado. Es así, como el pobre es culpado por ser pobre, o el homosexual por ser algo antinatural o resultado de una malformación socio-genética. Estos imaginarios se guardan en las profundidades de la estructura del pensamiento, de las cuales más tarde las personas tomarán como base de análisis sin darse cuenta, para emitir juicios de valores, realizar prácticas intelectuales o criticar su realidad. Entonces, cuando pensamos a través del pensamiento de quien nos domina, no hacemos más que continuar la relación de dominación; y cuando criticamos desde el mismo sistema que nos formó, en verdad no hacemos más que señalar sus fallas para que el mismo sistema encuentre una solución pronta o una salida que le produzca algún rédito económico.

Ahora bien, estas estructuras de pensamiento capitalista que han entrado en nuestros cuerpos y mentes nos hacen idealizar en formatos predeterminados estereotipos sociales acerca de la realidad en la que estamos inmersos. La imagen de la familia perfecta, del amor típicamente burgués y las fechas comerciales para demostrarlo, o las fiestas patrióticas que no siempre libertarias asumen un ideal de hace decenas de años para perpetuarlo en épocas donde su práctica es irrealizable, son todas estructuras estereotípicas. La niña que por ver Disney busca a su príncipe perfecto al tiempo que recibe de regalo la típica cocina y el bebé de juguete para ser la futura ama de casa; el chico que anhela su auto y su pelota el niño-héroe que pelea contra los delincuentes que el capitalismo creó; o los padres imponiendo a sus hijos los más altos valores capitalistas (manejar una empresa, tener un título universitario, etc.), no son más que parte de lo mismo.

Durante el trayecto de nuestras vidas nos formamos gracias a nuestro entorno a través de conceptos con los cuales categorizamos nuestra realidad. Pensamos por ejemplo que ser gay, ser exitoso, ser inteligente o ser pobre, es esto y no aquello. Bajo estos presupuestos carentes de fundamentación solemos actuar y hacer que otros actúen de esa forma ya predeterminada. Necesitamos saber quién es el exitoso, quien es el gay, quien es el inteligente, quien es el pobre, pues de ese modo damos orden a nuestros más variados deseos capitalistas. Debemos saber quién es quién a través de cómo actúa ese quien, de qué tiene y no tiene. Precisamos saber quién es el extraño a criticar y quién el modelo a seguir. ¿Por qué?. Porque el modelo individualista del capitalismo nos hace creer que la libertad, esa libertad ilusa, existe comparándola con la libertad de otro. Me creo libre en la medida en que puedo superar la libertad de otros. Y el extraño social no es más que alguien encerrado, clausurado socialmente por realizar ciertas prácticas que debió paradójicamente seguir para que otros puedan llamarle extraño. Como él no es libre por tal control racista, yo me siento libre. En el capitalismo no existe la libertad para todos pero todos en teoría pueden llegar a tenerla a partir de identificarse con cierto modelo o estereotipo social que lo único que hace es segmentar a la población para poder controlar los “desvíos” y evitar que el que quiera salirse de la vía normal del sistema pueda hacerlo.

Entonces, vivimos bajo tipologías de prácticas sociales que la mayoría de las veces no son nuestras sino impuestas,  y lo son para poder integrarnos a una sociedad de la que queremos y no queremos formar parte al mismo tiempo. Vivimos en una sociedad capitalista que fomenta la individualidad pero que al mismo instante nos crea el deseo de no estar solo, de evitar la soledad. Y para integrarse hay que seguir el modelo establecido. Desviarse es ser extraño. Ser extraño es ser señalado con el dedo. Ser señalado con el dedo es estar excluido. Estar excluido es privarse de realizar deseos que se nos impusieron desde el nacimiento pero que de alguna forma queremos llevar a cabo. Es así como la instalación de deseos capitalistas individuales en nuestra subjetividad nos lleva a querer vivir socialmente pero solo con motivo de satisfacerlos. Toda una revolución ocurre en la interioridad de las personas que hace que por presión social acepten vivir en sociedad pero bajo preceptos individualistas. Si la revolución estalla, consigue una nueva forma de vida o se suicida. Y hasta el suicidio mismo es redituable para el capitalismo: gastos funerarios, noticias en la tv, depresión que lleva al consumo de psicólogos, medicamentos psiquiátricos (para sus familiares) o satisfacción con los objetos materiales por insatisfacción mental.

Luego, si un modelo se presenta como alternativo al capitalismo, éste intentará cooptarlo a través de integrar a sus miembros practicantes en algún tipo de lógica capitalista. Es así como el hippiesmo cae en el individualismo capitalista, en el no compromiso social, en el consumo no tradicional pero sí de otro tipo, de ciertos alimentos, de cierta ropa, de ciertas formas de moverse en sociedad. Es así como ciertos movimientos gays serán reunidos en base a ropas comunes, estilos musicales comunes, o determinados lugares de esparcimiento. Con esto no estoy diciendo que la formación de grupos que se oponen a la lógica capitalista esté errada, sino que en base a la actuación a través de modelos y estereotipos sociales, acaban las más de las veces pasando a ser blanco del capitalismo, de otra modalidad capitalista, pero capitalismo al fin. Éste logra tomar para sí a esos grupos, pues los conoce, sabe todo sobre sus detalles, y es más, fomentará que quien quiera oponérsele se una a tales grupos, ya que así su base de datos será excelente y compacta. Por tal razón, el capitalismo fomenta en parte la formación de grupos contra-hegemónicos, pues nada mejor que tener en un solo frente al enemigo. Ahora bien, la globalización ha hecho que los frentes se multipliquen y he aquí donde llega un punto en que el sistema se enfrenta a grupos por doquier que ya no puede controlar totalmente, no por falta de recursos sino más bien por falta de tiempo. Si la globalización elimina el tiempo y el espacio, está eliminando las dimensiones de la realidad social, y ésta pasa a virtualizarse a través de nuevas tecnologías como por ejemplo la red. Sabemos de los incontables hechos y movimientos sociales que día a día se “conectan” contra el capitalismo. Entonces, como ya algunos autores han escrito, las viejas formas de resistencia social deben cambiarse a nuevos modos de resistencia pues aquellas están perdiendo efectividad. He aquí que la creatividad será un punto central. Otra clave será también la velocidad. Se derriba más fácilmente un edificio rompiendo su base, y la base del capitalismo no es tanto la economía, sino si ideología, esa que nadie ve al igual que no se ve la del edificio una vez construido. Por ello necesitamos una ideología global original.

En conclusión, desde antes de nacer ya somos sujetos con una historia familiar, con un nombre y apellido, con ciertas prácticas sociales como gustos deportivos, comidas, etc. que se nos impondrán incluso antes de salir del seno materno. Somos construidos hasta en los detalles, pero como Foucault decía siempre hay posibilidad de resistencia. Pero he aquí que ésta no vendrá sola sino de un esfuerzo conjunto y sobre todo de un cambio individual, hecho éste muchas veces no tenido en cuenta en las tradicionales revoluciones sociales. Deberemos cambiar la matriz de nuestro pensamiento, lo que nos llevará a mutar ciertas prácticas que por otra parte al estar internalizadas las creeremos como gustos personales “intocables”. Todo ambientalista que no sea vegetariano, por ejemplo, niega una dimensión tan fuerte como el de no ver a los animales como parte de la naturaleza y seguir haciendo uso de ellos como otro sistema de explotación al que sin embargo no se oponen. Aquí entra en juego el gusto quizás de “comer carne”. Muchos tendrán un pensamiento “de izquierda” pero no tocarán estas cuestiones, y si solo cambiamos la forma de pensar pero no de actuar, no podemos seguir avanzando. Es por ello que concluyo que el verdadero revolucionario no se piensa, se hace. Sólo aquél quien acabe en su vida con las más diversas opresiones de las cuales sin darse cuenta suele llevar a cabo sobre otros (y aquí otros incluye humanos, animales, plantas), puede emprender un profundo cambio social. Pero para éste será necesario una buena base filosófica y propuestas viables, una “otra globo-ideología”. Esta puede ser proporcionada por PROUT, Teoría de la Utilización Progresiva, es por ello que invito al lector a conocer la misma más en profundidad.

Para finalizar, transcribo un fragmento del libro “La Liberación del Intelecto” de P.R. Sarkar, el fundador de PROUT, para cerrar este artículo, por cierto abierto a continuar con su debate:

“Siendo que la liberación está dirigida a todos los seres humanos, ¿Qué significa en realidad la liberación del intelecto? El intelecto es ante todo una idea impersonal o abstracta. Ahora, ¿es posible que se pueda liberar algo impersonal, que solo es un concepto abstracto? A este respecto, mi muy pensada opinión es que sí, efectivamente, es necesaria la liberación del intelecto. En realidad, lo que quiera que se encuentre en este universo, materia densa, ideas sutiles o consciencia, todo, necesita liberarse. O sea que si queremos ver la expresión total o el despliegue completo de las aptitudes y capacidades latentes en algo, es indispensable la liberación de ese objeto o ese individuo”. (Prabhat Ranjan Sarkar)

Gustavo Martin (Govinda)

Estudiante de Cs. Políticas

gusmar.gov2013@gmail.com

Asoc. Civil para el Desarrollo Social y Ecológico