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La Espiral Capitalista Y El Fin Del Capitalismo

caida-del-dolar-thumb¿Puede un sistema económico-cultural mutar a otro totalmente diferente por la simple evolución de los acontecimientos?. El capitalismo ha sabido readaptarse a sus consecuentes contradicciones sistémicas. No es que se haya adecuado simplemente a cada coyuntura histórica, sino que esta misma coyuntura es consecuencia de sus  prácticas anteriores, y como episodio negativo ha tenido que buscar una salida diferente en apariencia a cada una de las crisis que le tocó vivenciar. Debemos primero explicar lo que entendemos por sistema: un conjunto de relaciones entre actores u objetos que conforman una estructura que a su vez condiciona sus comportamientos; una materialidad muchas veces intangible pero que como todo sistema en este universo, posee un núcleo y elementos girando a su alrededor. ¿Por qué el capitalismo tarda tanto en derrumbarse?: es que mientras mas grande y extenso sea el sistema más difícil es llegar a su núcleo, la clave del proceso.

El capitalismo se ha movido históricamente en forma de espiral hacia su centro. Cada vuelta de espiral ha significado una crisis de algún tipo: cíclica, económica, social, energética, laboral, etc. Primeramente se extendió durante el siglo XVI en Inglaterra y luego con la ayuda de su incipiente pero poderosa Revolución Industrial dio paso a la expansión de un capitalismo que partió de una base comercial (recordemos que Inglaterra era la Reina de los Mares). Antes podemos decir que más que relaciones capitalistas, existieron relaciones feudalistas, esclavistas, pero no capitalistas en sí. Aunque las variantes de comercio han existido prácticamente desde la formación de las civilizaciones antiguas, y en la Edad Media en algunas ciudades como Florencia o Amsterdam se desarrolló algún vestigio de capitalismo, debemos manifestar que este se instala con sus leyes y prácticas totalizantes, recientemente solo hace algunos siglos. Este inicio en un período y espacio determinado marca el puntapié inicial para la adecuación de toda una red sistemática que necesita instalarse en la sociedad, en el imaginario social, institucional, jurídico, político, en la vida cotidiana en sí, como forma de sustentar las prácticas sociales y productivas emergentes. Se dice que la Revolución Francesa burguesa de 1789 vino a complementar en la parte política, el cambio iniciado en lo económico por Inglaterra y emulado más tarde por otros países, los cuales para la Segunda Revolución Industrial después de 1850 darán inicio a un imperialismo territorial deseoso de  dominar los recursos existentes en vastas áreas geográficas como Asia, África y la ya conquistada América Latina, concluyendo con lo que fue la Primera Guerra Mundial en 1914, entre otras de sus causas. Entonces, esta hegemonía capitalista naciente, basada en lo que Marx llamó una acumulación originaria, necesitó ordenar el estado de cosas a su favor. La idea principal sería la de la reproducción de la fuerza de trabajo. El esclavo no era productivo, pues no trabajaba por mera voluntad, ni tampoco era consumista, además de implicar una fuerte inversión inicial para su comprador. De ahí que había que garantizar que esa fuerza laboral se reproduciese y fuese productiva al mismo tiempo, dando origen  a la relación salarial, base del capitalismo, de la que Marx hablará en sus escritos teóricos al exponer su teoría de la plusvalía, el trabajo no remunerado del proletario apropiado por el patrón. Para reproducir esta fuerza laboral era necesario limitar la trata de esclavos, -improductivos de por sí-, el trabajo infantil (ya que los niños serían la futura fuerza) y crear una sociedad basada en los principios capitalistas, jerárquicos y patriarcales. El imaginario social debía impregnarse de un ideal de familia tipo con un pater familia (pues el capitalismo se basa en la ley del más fuerte) que es la que podía reproducir la fuerza numérica que sería demandada por los nuevos procesos maquinarios en auge. En este instante, el discurso aparece como una práctica social ordenando un estado de hechos en base a objetivos específicos de dominación, e instalándolos en la sociedad de manera que pasen imperceptibles socialmente. Ser homosexual pasó, por ejemplo, ha ser un discurso perverso, defectuoso, pues una familia homosexual no garantizaría que las personas se reproduciesen y otorgasen así un mercado de trabajo. Además que solo al existir una gran mayoría de oferta era posible mantener un sueldo bajo. La sociedad misma comenzó a ordenarse en base  a la idea de productividad capitalista: la escuela, la iglesia (propiciadora de la familia ideal), la vida cotidiana, la organización de las ciudades, el Estado. Todos pusieron su granito de arena para implantar un modo y estilo de vida capitalista, un orden que impregnándose de los valores burgueses en ascenso contra los valores de la nobleza en descenso, se trasladaría de generación en generación dando forma definida a una ideología tan eficaz que se evaporaría a sí misma en el instante en que el mundo llegase a creer que ya no se rige por esa o cualquier ideología, donde el ser humano pasaría a ser “por naturaleza” netamente capitalista. La idea es que creamos que somos libres, sujetos racionales que eligen por cuenta propia, cuando en verdad el mercado del consumo nos lleva una y otra vez a seleccionar lo más apropiado para los peces gordos del capitalismo. Esta objetivación de tal subjetividad formulada bajo intereses específicos, creó un sistema de creencias y prácticas sociales consideradas en conjunto y aisladamente como algo lógico, común, como pensamiento único: no puede existir otra cosa.

De repente apareció el fantasma comunista, y si bien fue un fracaso en lo empírico, mostró a muchos gobernantes y grupos poderosos que existían otros sistemas y formas de ordenar la realidad. Se instaló así el terrorismo, el militarismo y la guerrilla para combatirlo dando origen posteriormente a la idea de una democracia restringida al hábito de un voto cada períodos constitucionales determinados. En todas estas etapas el capitalismo se fue “superando”, pero cada vez hundiéndose más en sí mismo, encerrándose sobre sí. Llegó a concluir que la mejor forma de manejar sus intereses era bajo una democracia, por ello desde la potencia del Norte (EEUU) se dio un visto bueno y un empuje decisivo a las salidas democráticas en los años ’80 en los países de América Latina. El comunismo estaba acabado, por tanto el terrorismo no era ya más necesario, además de que este era costoso y los gobiernos corrían el riesgo de que sus pueblos se revelasen. Por tanto, bajo una creencia falaz de que los votantes eligen “neutral y gustosamente” a sus gobernantes y cediendo un poco de sus riquezas para calmar las aguas, muchas veces bajo malos conceptos de redistribución del ingreso (pues la mayoría de las veces se habla de cómo repartir la riqueza pero no de cómo se la crea), el capitalismo se alió a la democracia formal en lo político pero manteniendo una estructura no democrática en lo económico, sino concentrada y monopolizada ferozmente. Aún los estadounidenses siguen creyendo que el Partido Demócrata y el Republicano son algo muy diferente, cuando ambos son financiados por los mismos grupos económicos de Wall Street y ganando de acuerdo a si la coyuntura histórica es tendiente a la paz o a la guerra. No es casualidad que un Bush estuviese en tales años y un Obama en tales otros. De parte de nosotros, también seguimos votando a políticos “diferentes” que son la misma élite turneándose el poder una y otra vez. Sin embargo, no ha sido eliminada la práctica de querer dar fin a situaciones sociales indignas con métodos represivos. Tomemos el caso de los estudiantes en el Chile de la derecha de Piñera, la forma en que grupos policiales y parapoliciales quieren acabar con una realidad brasileña como las favelas con motivo de presentar una sociedad sin pobreza ante los ojos de los turistas que visitarán el mundial de Fútbol 2014 en Brasil, por citar solo dos de tantos ejemplos. Aún poseemos Estados militares en África, Colonias en Asia, o Narco-Estados en el Caribe. Son muchas las cuestiones que nos hablan de que la democracia en algún sector refuerza la represión en otro sector. Mientras EEUU quiere instalar la democracia en Medio Oriente la pretende destruir en países como Venezuela o Colombia. El doble discurso es una estrategia política siempre utilizada y hoy mucho más ante los actuales procesos de comunicación de masas.

Cada ciclo que el capitalismo logró “safar” fue una espiral más que atravesó, pero a  su vez un paso para llegar a su núcleo, su raíz. Y esta reducción muestra también que si bien al principio este sistema apareció como una forma de incentivar a la sociedad a mejorarse en términos económicos y políticos, y en su discurso mostrar un derrame social muy grande (la idea de que todos serían beneficiados), esa esfera se fue reduciendo brutalmente en cada ciclo crítico.  Mientras mas se acerca a su núcleo, la espiral se vuelve más pequeña, hasta llegar a la etapa actual en que el monopolio y la hiper-concentración económica y de poder de grandes grupos empresariales transnacionales aliados a las élites políticas nacionales o locales, incluyen a un puñado contado de beneficiados, dejando a toda una masa excluída del sistema, adentro en cuanto a trabajo, afuera en cuanto a beneficio. Por tal motivo, estamos a pasos decisivos de llegar al núcleo del capitalismo, donde finalmente encontraremos en su raíz una idea: la individualidad, el egoísmo. El núcleo de todo sistema social es una idea transformada en ideología. Cuando cambiemos esto cambiará el sistema.

En la actualidad, cada una de las prácticas contra-hegemónicas alternativas, de economía social, solidaria, trabajo auto-gestionado, cooperativas, modos alternativos de producción, micro-emprendimientos, proyectos tecnológicos, de permacultura, etc., son puertas que abren el espiral hacia un paso más al núcleo. Todas estas prácticas deben articularse para hacer un “hueco”” más profundo y pasar al siguiente nivel de la espiral. La lucha se hará más fuerte en el instante en que la raíz se enfrente en el núcleo a un movimiento radical que intente cambiarle de forma total. Cada ideología, cada sistema económico, que serán el capitalismo vs. el socialismo, se enfrentarán para hegemonizar el significado real del ser humano, la idea principal que regirá la vida en la Tierra; intentarán adueñarse del discurso, y junto al lenguaje conquistar un nuevo modo de vida. Será una revolución total y epistemológica, debido a que se deberá reformar completamente el significado de las palabras tan galardonadas por muchos: democracia, libertad, progreso, cultura, civilización, economía, etc.  Si en esta lucha el capitalismo gana, habrá tocado su núcleo y explotará. Pero esta explosión capitalista será devastadora para la humanidad, porque implicará la instauración de un sistema capitalista totalmente descontrolado, donde ni siquiera las mínimas reglas de juego actuales entre los vencedores se respetarán. Será una jaula de lobos sin rejas. Pero en caso de no ganar, un sistema superador se instaurará en la sociedad, y el mundo verá la luz de un nuevo sistema económico cooperativo, acorde a  la dignidad de la humanidad y la naturaleza. Ese período será de gran evolución para la conciencia del ser humano, y éste dejará de preocuparse netamente por la cuestión económica, para enfrentar un avance fundamental en el camino espiritual. El momento en que esto suceda no podemos saberlo con exactitud pero aproximadamente puede durar entre 25 a 200 o quizás 500 años. Si suponemos que el capitalismo da sus inicios en el 1600 o 1700 formalmente, y que en su espiral esta llegando a su fin, ya que para readaptarse necesita más de un planeta Tierra (de ahí la investigación astronómica), y porque actualmente hablamos de una crisis global (ambiental, humana, social, política, social, etc.) es porque han pasado aproximadamente 300 o 400 años, por tanto, en tres cuarto de siglo (75 años) quizás podamos ver derrumbado al capitalismo, menos o más dependiendo de otros factores. Pero veremos instalado el nuevo sistema un poco mas adelante.

Cada crisis en la espiral, que implica un salto mas hacia el núcleo, suma un nuevo tipo de crisis que no niega la anterior sino que la suma hacia sí. Por ej, la primer crisis fue económica, la segunda económica y política, la tercera económica, política y militar, la cuarta económica, política, militar y social. A la próxima se suma la ecológica. Y así hemos llegado al tope de sumar una crisis civilizatoria, donde el sistema se devora a sí mismo, donde la ideología se come su propia idea.

Podemos concluir entonces, como expone un verso: si la solución no está en cambiar de página, quizás debamos cambiar de libro. Hoy, muchos líderes políticos, en América Latina y Europa principalmente, pretenden solamente cambiar de página, y solo en contados casos se aspira a cambiar de libro. Lo primero es Reformismo, lo segundo es Revolución. La cuestión que se nos plantea es qué libro queremos para nuestra sociedad y qué grado de completud y organización anhelamos. Uno, donde todos, incluyendo animales y naturaleza, entren como portadores de derechos para que por fin no debamos hablar constantemente de los mismos sino que los veamos plasmados en la realidad, ya que también, los gobiernos suelen apropiarse y definir lo que son y no son derechos. Para estas trampas la democracia es el sistema ideal, lamentablemente. De allí que debamos aspirar a una democracia no solo electoral sino una de tipo económica y social en progreso constantemente. Venciendo los vestigios de militarismo y autoritarismo que ha quedado en nuestras sociedades por las experiencias de golpes de Estado recurrentes en nuestra región, lo que ha hecho que la sociedad valorice la idea del voto por sobre las condiciones económicas y espirituales de existencia, -como expusimos anteriormente-, debemos luchar por implantar una alternativa contra-hegemónica y totalizante que propiciando la igualdad social respete las diferencias individuales; donde el mero nombre del pluralismo no signifique una pancarta para ocultar una represión sutil a toda forma de vida o valor no capitalista. La historia nos pide un sistema superador, tanto al capitalismo como al comunismo, pero estamos ante la presencia de alternativas aisladas que terminan por ser vencidas. Debemos unir las fuerzas, las experiencias locales y avanzar globalmente con un modelo que abarque todas las necesidades, deseos y voluntades de vivir plenamente feliz y en justicia. Este modelo se llama PROUT: Teoría de la Utilización Progresiva y su autor Sarkar ha tenido en cuenta cada uno de los aspectos que aquejan a la humanidad. Muchos proyectos como la Teología de la Liberación, el Socialismo Siglo XXI, el Proyecto Venus, el Proyecto Nacional y Popular, los diferentes Movimientos Sociales como el MST en Brasil, los indignados en España, algunas guerrillas como el Ejército Zapatista de Liberación Nacional en México o las FARC en Colombia, etc. han conquistado campos de debate y acción públicos pero sus soluciones muchas veces son parciales, excluyen a grupos sociales, fomentan la división social o no le den la debida importancia a determinadas cuestiones como el ambiente, la espiritualidad, la ética, la forma de producción, la cultura, etc. negándose a sí mismos como movimientos portadores de un verdadero cambio cultural. Por tanto, solo un modelo y propuesta teórico-práctica que abarque todo, -ya que estamos ante una crisis civilizatoria total-, podrá tener la suerte y la dicha de convertirse en el sistema superador que la historia nos pide. Considero que es PROUT y por ello invito al lector a conocer más del mismo. Prout si bien fue formulado por un pensador hindú, no es una propuesta de Oriente intentando aplicarse en Occidente, ni es una teoría formulada de la nada en la mesa de un escritorio, sino es el pensamiento más acabado y global de una mente brillante que explica empíricamente en  forma sencilla lo que nos sucede como humanos y lo que necesitamos para superar esta crisis terminal que amenaza con destruirnos por voluntad propia. Ofrece soluciones prácticas y basadas en la experiencia histórica como ninguna otra teoría lo hace, pues sufrimos muchos intelectuales de pecar de viciosos y vacíos al criticar y jamás proponer alternativas. Prout es una revolución en lo económico, en lo social, en lo cultural, en lo ambiental, en lo político, en lo militar, en lo global y local, en lo epistemológico, en lo espiritual e intelectual, es un modelo revolucionario total en sí mismo y por ello no debiéramos perder la oportunidad de aprender de él y razonarlo para comprender que llegaríamos a las mismas conclusiones que su autor si analizamos la realidad lo más objetivamente posible. Prout está teniendo éxito en la India misma (a diferencia de Marx que ni siquiera en su país de origen, Alemania, pudo instalarse) y en muchas otras partes del mundo. Algunos gobernantes y muchos intelectuales están comenzando a prestarle su debida atención y desde nosotros lo estamos impulsando bajo forma de un gran movimiento social en diversos y variados países. Este es el momento de que unamos nuestras fuerzas y luchemos por un mundo diferente y sano en la hora de la lucha nuclear. Llegará el día en que la Tierra no irá al médico a preguntarle lo que tiene y éste le diga que lo que tiene son: humanos…

Luchemos por una Patria Universal. Incluyamos a todos en este proyecto proutista.

Gustavo Martin

Estudiante de Ciencia Política

Instituto Argentino de Investigaciones de Prout

 

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