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La cultura muerta: el capitalismo en nuestra subjetividad

capitalismoAnalizar nuestra actualidad requiere de una visión previa de su existencia, de
sus modos de actuar, de sus ritmos, de sus anhelos y desafíos. Requiere la
capacidad de poder descifrar el paradigma que se esconde detrás de lo que vemos como algo natural y dado. Pero a su vez, es ese desvelar del ”misterio capitalista” lo que nos lleva a ser blanco otra vez de nuevas prácticas socializantes que se superponen a las técnicas de explotación ya descubiertas. El capitalismo es un juego de escondidas que busca mejores lugares para ocultarse cada vez que alguien le encuentra en alguna parte. Pero mientras todos  querramos seguir jugando, el capitalismo no cesará de existir.
Analizar nuestra realidad precisa de una aproximación subjetiva que logre
alcanzar cierta verdad objetiva que, sin embargo, se desmaterializa en sus más
diversas formas. La ideología que sustenta un mundo ideal se vuelve aire cuando se plasma en las diferentes prácticas cotidianas. Tres cuestiones deben estar presentes en este análisis: lo cultural, lo político y lo religioso. Estos tres
aspectos darán como resultado un acercamiento a lo económico que domina
nuestro día a día y construye momento a momento la propia subjetividad que nos constituye.
Lo religioso y lo cultural van de la mano, tanto es así que no existe religión sin
cultura ni cultura sin religión. Podemos notar las crisis económicas observando
las prácticas religiosas. Cuando miles de fieles se dirigen hacia su lugar de
peregrinación con el motivo de pedir o agradecer, podemos notar cierta
subjetividad en cuanto apreciación de su propia situación económica. Los que
ayer fueron a pedir por más trabajo, por el bienestar de sus familias, no solo
muestran el individualismo de nuestras sociedades de control (pocos o nadie van a pedir por el ”prójimo”, por un mundo sin injusticia; al contrario la injusticia siempre es personal) sino también esa situación económica de la que forma parte. Quien fue a pedir ayer y hoy agradece; los miles que agradecen hoy cuando ayer pedían por más trabajo y salud, reflejan el mejoramiento en cierto aspecto de la realidad económica. O a la inversa, los que ayer agradecían y hoy piden es sinónimo de crisis a nivel de economía. Es así como las prácticas religiosas, más allá de sus ”verdades intemporales”, expresan epocalmente su situación económica que es moldeada por las prácticas culturales en las que se implantan. Por tanto, economía y religión van de la mano y sus pies son la cultura. Por otra parte, política y cultura también van a la par. La cultura debe ser el sustento de toda práctica política que dará como consecuencia cierta realidad económica. Detrás de las democracias, de las dictaduras y de los imperialismos siempre una cultura provee un sustento filosófico sobre el cual actuar. Los dominadores necesitan implantar un modelo de prácticas cotidianas (que en verdad son una ideología pero que al ser imperceptible es considerada por la gente como inexistente), un terreno psicológico de aceptación, de naturalidad en los hechos, de sucesión de los acontecimientos por fuerzas ajenas, que convierten al individuo en un sujeto con cara y sin cara la vez. Al mismo tiempo que somos galardonados con libertades y derechos que elevan nuestra dignidad como seres humanos únicos e incomparables, somos manipulados psíquica, cultural y económicamente a ser meros individuos económicos sin nombre ni identidad. La contradicción capitalista lo es a nivel económico, pero a nivel cultural es solo una estrategia más. De hecho, el capitalismo crea tanta pobreza que necesita de ciertas prácticas hegemónicas que lo hagan ver como un sujeto inculpable, ajeno.
Es asi como legitima la culpa de los pobres por ser pobres y del rico o clase
media por encontrarse en ese status. Debe parecer que no haya nada de raro en
que alguen gane unos pesos más y miles mueran de hambre día a día. Una de
esas prácticas legitimadoras es la de hacer rico a un pobre de vez en cuando. El
futbolista de la villa que se convierte en héroe nacional y es enviado al  extranjero para entrar en el circuito dólareuro; el chico o grupo que se vuelve cantante famoso y entra a los dominios de la industria cultural, etc. El capitalismo necesita hacer rico a un pobre, personalizándolo, para demostrar de ese modo que la pobreza no es resultado de una estructura económica desigual e injusta, sino por el contrario es debida a la falta de voluntad de progreso de los grupos marginados. Esta práctica ha entrado tanto en el inconsciente colectivo, que la clase media, aquella clase que anhela ser rica y le recela a la pobreza, termina por manifestar a viva voz su crítica a esos pobres, bajo frases como ”si quieren comida que vayan a laburar”, negando una variedad de factores que rodean a toda situación social. La pobreza es fácil de hablar, difícil de ver.
Constantemente, gran parte de lo que llamamos clase media es utilizada como
filtro de ideas, como sustento ideológico de las prácticas neoliberales hacia los
menos favorecidos. Solo es cuestión de contar con los dedos cuántos pobres
serían recibidos en un trabajo que llamamos ”digno” o ”serio”, sin importar de
dónde viene. El padre que debe salir a robar, porque su trabajo no calificado
carece de un valor agregado enorme, la hija que es dada a la prostitución y la
madre que debe mantener una familia cuando el esposo es llevado a prisión por
robo, constituye un círculo de prácticas socializantes y deshumanizantes. La
socialización de la pobreza es la consagración de los elementos más antisociales
(y antihumanos) en la vida práctica. Lo irónico de la revolución o más bien
rebelión de las clases medias, es ir contra las injusticias cuando sus intereses son
afectados, cuando por crisis económicas deben descender a las clases más bajas,
resocializándose. La revolución hipócrita es esa: se lucha contra las injusticias
sociales perpetuadas a las clases bajas solo recién cuando los intereses de la clase media se ven disminuídos. No es general, pero es tendencia. Pobres que a su vez son buscados por los capitalistas para ingresar a las redes ilegales del poder. El capitalismo necesita crear pobres para mantener un mercado de consumo de droga, prostitución y grupo de presión política en épocas de elecciones ”democráticas limpias y sanas”.
Hemos sido creados con motivo de vivir feliz en mundo que constantemente
nos niega la felicidad real, y ofrece una felicidad o más bien placer virtual
materialzado en sexo, programas de tv y alcohol. Hoy cultura es sinónimo de
inclusión exclusión.
Debemos estar incluídos culturalmente en las prácticas de la globalización para quedar excluídos en las prácticas económicas. La cultura así se ha vuelto en una cultura muerta: debes vivir en sociedad para morir en soledad, pues la   depresión y la angustia se lloran individualmente.
Por tanto, analizar nuestra realidad hoy, requiere descifrar cuidadosamente los
mecanismos infiltrados de explotación que nos alejan de cualquier tipo de
verdad. Vivimos inmersos en un mundo de propagandas y éxito, mientras nos
morimos en las dificultades que nos golpean día a día. Es tan así, que el sistema
capitalista necesita crear un ideal inspirador que nos impulse a seguir vivos:
”algún día alcanzaremos esa felicidad, ese éxito”. De este modo, el capitalismo
en la mayoría de la masa, canaliza la lucha revolucionaria en una lucha
individualizada que termina por frustrarnos mientras intentamos seguir al pie de la letra los valores que ”nuestra” sociedad nos impone para estar integrados a una ”comunidad ficticia”, de la que irónicamente queremos seguir formando parte.

por Gustavo M. Martin

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