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NOAM CHOMSKY OPINA SOBRE PROUT

chomskyLa EROSIÓN DE LA DEMOCRACIA Y LAS VISIONES DE UN MUNDO NUEVO


Por NOAM CHOMSKY

Los líderes financieros de los países ricos que se reunen anualmente en el Foro Económico Mundial en Davos, Suiza, y más recientemente en Nueva
York, fueron descritos por el principal periódico de negocios del mundo, The London Financial Times, como “los maestros del universo.”El término probablemente se usó con un toque de ironía, pero es bastante exacto. El grupo no es elegido popularmente. Ellos representan a un poder financiero tremendo que  mayormente no beneficia a la gente comun. Por ejemplo, en 1970, cerca del 90% del capital internacional fué usado para el comercio y la inversión a largo plazo–cosas más o menos productivas–y el 10% para la especulación. Para 1990, esos porcentajes se habían invertido.

En su Nuevo Orden Mundial, el mundo debe ser conducido por los ricos y para los ricos. El sistema mundial no se parece en nada a un mercado clásico; el término “mercantilismo corporativo” se ajusta mejor. El gobierno está cada vez más en manos de las grandes instituciones privadas y sus representantes. Las instituciones son de un carácter totalitario: en una corporación, el poder fluye desde la cima hacia abajo, con el público de fuera excluido. En el sistema dictatorial conocido como la “libre empresa”, el poder sobre las decisiones de inversión, la producción y el comercio, está centralizado y es algo sacrosanto, exemto de la influencia y el control de los trabajadores y la comunidad, como una cuestión de principios y de ley.

Un desempleo inmenso persiste junto a grandes demandas de trabajo. Dondequiera que se mire, hay trabajo que hacer de gran valor social y humano, y  suficiente gente dispuesta a hacer ese trabajo. Pero el sistema económico no puede juntar al trabajo necesario con las manos desocupadas de personas que sufren. Su concepto de “salud económica” está enfocado en las demandas de lucro, no en las necesidades de las personas. En resumen, el sistema económico es un fracaso catastrófico. Por supueso, es aclamado como un gran triunfo, como de hecho lo es para un sector restringido de personas privilegiadas, incluyendo aquéllos que declaran sus virtudes y triunfos.

El Foro Económico Mundial amenaza la supervivencia de las especies. Una razón es que los principios subyacentes, si tomados en serio, llevan a la conclusión de que es bastante racional destruir el medio ambiente para nuestros nietos, si haciendo esto actuamos como “maximizadores racionales de riqueza” en el sentido exaltado en la ideología contemporánea. No es entonces sorprendente que el Presidente Bush sea alabado por los editores de The Wall Street Journal por minar el Protocolo de Kyoto sobre recalentamiento global .

Estudios de opinión pública revelan que la población en general está bastante preocupada por los llamados tratados de libre comercio, y mayoritariamente se opone a las políticas de los maestros, las que son apoyadas casi por unanimidad por el sector corporativo, los gobiernos, y las instituciones ideológicas.

De hecho, sería un malentendido decir que incluso existan “gobiernos elegidos”,  que son eligidos en base a la opinión pública sobre estos problemas. Esto es porque, aun en las sociedades más libres y democráticas, los que estan en el poder hacen lo posible por mantener en secreto estos problemas del público en general.

Los medios de comunicación son bien conscientes de la oposición popular. Por ejemplo, el Wall Street Journal observó con amargura que los que se oponen a los mal llamados tratados de libre comercio, tienen un “último recurso”: la población general, a la que debe mantenerse por lo tanto en la ignorancia.

Al mismo tiempo que los amos del universo se reunen cada año, el Foro Social Mundial (FSM) se concentra en Porto Alegre, Brasil, reuniendo a representantes de organizaciones populares de todo el mundo, cuya concepción de lo que el mundo necesita es bastante diferente de la de los maestros. En mi opinión, las esperanzas de un futuro decente yacen muy considerablemente en las manos de aquéllos que se reunen en Porto Alegre y de otros como ellos.

La meta tradicional de la izquierda desde sus orígenes modernos, ha sido provocar una forma de globalización basada en la participación de la gran masa de la población del mundo y que, consecuentemente, responda a sus intereses y preocupaciones. El FSM tiene la esperanza de conventirse en la primera manifestación realmente significativa de tal globalización desde la base, una perspectiva muy bienvenida y promisoria.

Las grandes confrontaciones son temas mayores en la historia. Y afortunadamente, las fuerzas populares han ganado muchas victorias a través de los siglos, sobreponiéndose a concentraciones de poder irresponsables e ilegítimas, tales como el Foro Económico Mundial. La llamada “deuda” del Tercer Mundo es en gran medida una construcción ideológica, no un simple hecho económico. La deuda podría ser relevada de forma considerable, y en muchos casos eliminada, recurriendo al principio capitalista de que aquellos que prestan el dinero deben asumir el riesgo, y que la carga del pago debe recaer sobre los que pidieron prestado el dinero–lo que en Brasil, no significa la gente de los barrios bajos, o los trabajadores sin tierra, o de hecho la inmensa mayoría de la población. Naturalmente, los ricos y poderosos rechazan este principio capitalista con horror.

Los prestamistas quieren obtener grandes ganancias, pero prefieren que el riesgo asociado sea socializado, transferido a los contribuyentes. Una de las funciones del Fondo Monetario Internacional (FMI) es proporcionar lo que viene a ser un  “seguro a todo riesgo” para préstamos e inversiones de gran rentabilidad. Y en el país que pide un préstamo, los que en la práctica lo piden prefieren la fuga de capital, la evasión fiscal, las importaciones de lujo, los proyectos para reforzar su propia grandeza, etc. Si la deuda se vuelve insostenible, ellos prefieren que los costos sean socializados, transferidos a toda la población a través de programas de ajustes estructurales  y otros medios para reforzar las exportaciones (para beneficio de los prestamistas) mientras aplastan a la gente comun. Ésta ha sido una segunda función complementaria del FMI.  Una segunda cuestión es si la deuda de hecho existe, lo que tampoco es obvio. La razón es que bajo principios de ley internacional manufacturados por EE.UU. y aplicados cuando ha sido conveniente, la deuda puede caer quizás dentro de la categoría de “deuda odiosa”, de modo que no necesite pagarse en absoluto. Esto fué apuntado hace años por el director ejecutivo americano del FMI, Karen Lissakers que escribió que el principio de deuda odiosa, “si se aplicara hoy eliminaría una porción sustancial de la deuda del Tercer Mundo.”

En algunos casos hay mecanismos aun más conservativos: la adherencia al juicio de la Corte Mundial. Ese simple dispositivo relevaría a Nicaragua de su deuda.

Argentina siguió las pautas estructurales del FMI, y hoy el país refleja el fracaso de ese modelo. Adonde fué el dinero es una cuestión que ciertamente merece  investigarse. Si rastreamos el dinero y averiguamos lo que pasó con él, podemos entonces sacar las conclusiones apropiadas. Durante años, la fuga de capital de América Latina ha sido a menudo del orden de la llamada deuda. Mucho del dinero que salió de Argentina se fué en pagos de la deuda, y está por lo tanto en  manos de los prestamistas: los bancos, las instituciones financieras, etc. Una reciente investigación del congreso americano encontró que algunos de los principales bancos americanos internacionales están proporcionando un “lavado” para un gran flujo de dinero proveniente de actividades ilegales, incluyendo bancos muy involucrados en América Latina, y sugirió que lo mismo es verdad para el sistema bancario internacional.

Pero la cuestión de si los países deberían seguir medios conservativos y legales para tratar con la deuda es una cuestión aparte. Que tiene que ver con el poder, y no con la ley ni la moralidad. Las opciones tienen que hacerse en este mundo, no en un mundo de fantasía doctrinal; y este mundo es gobernado por la ley del más fuerte. Sólo en cuentos para niños y en las páginas de periódicos de opinión intelectual  la justicia y la ley son los principios que guían el orden mundial.

Antes de al derrumbamiento de la URSS, había dos gobernantes mundiales: EE.UU., mucho más poderoso, y la URSS, que funcionaba más o menos como un socio menor en la dirección global. Las guerras de ese período no eran entre las superpotencias. Más bien, cada uno usó la amenaza del otro como una excusa para el recurso al terror y la violencia para controlar sus propios dominios. Eso se revela muy claramente en los registros de documentos internos, y también en los registros de los acontecimientos. Para el Oeste, la Guerra Fría fué una continuación de lo que a veces se llama el conflicto Norte-Sur, lo que solía llamarse “imperialismo europeo.”  En consecuencia, las políticas persisten sin mucho cambio después de la Guerra Fría, tal y como eran seguidas antes. De hecho, el conflicto Este-Oeste en sus raíces tenía muchos de los rasgos de los conflictos Norte-Sur. Cada superpotencia cínicamente explotó los conflictos en los dominios de la otra. Uno ciertamente no querría ver un sistema de ese tipo reconstruido  y, afortunadamente, no hay señales de que esto vaya a acontecer. Lo que realmente se ha estado desarrollando durante muchos años–bastante claramente en las últimas décadas–es un orden mundial que es económicamente  tripolar y militarmente unipolar. Europa y Asia están más o menos a la par con EE.UU. económicamente y en otros respetos, pero EE.UU. está  cada vez más solo como fuerza militar.

Lo que la gente razonable debería esperar, en mi opinión, es un sistema mundial de un tipo muy diferente. La mayoría de la población de EE.UU. se opone al sistema de la “globalización” que está siendo impuesto sobre ellos, en gran parte sin su conocimiento. Esta es la razón por la que la planificación y la implementación tienen que ser llevadas a cabo a espaldas de la población general.  “Democracia” no es un concepto simple. En el nivel más simple, una sociedad es democrática en la medida en que su población puede tomar decisiones significativas sobre materias que los conciernen. Está muy claro hace tiempo que las formas democráticas tienen una substancia muy limitada cuando las decisiones sobre los aspectos fundamentales de la vida están en  manos de unos pocos sectores de poder privados que no rinden cuentas a nadie, y la sociedad está dominada por “negocios para el lucro privado a través del control privado de los bancos, la tierra y la industria, reforzados por el control de la prensa, los agentes de la prensa y otros medios de publicidad y propaganda.”  No estoy citando al Partido de los Trabajadores, sino más bién a John Dewey, quizás el más prominente y respetado filósofo social Occidental del siglo XX, cuya preocupación mayor era la teoría democrática, y quién era “tan americano como el pastel de manzana,” en la frase convencional.

Yo veo la democracia de la misma forma en que la ve el público general en EE.UU. y América Latina. Los sondeos muestran un deseo por la democracia, pero al mismo tiempo una reducción en la fe en lo que se llama “democracia.” Como el científico político argentino Atilio Boron  señaló hace años, la “democratización” coincidió con el neoliberalismo, que mina la democracia. Lo mismo ha sido verdad en  EE.UU. desde que fué sujeto de su propia forma de “neoliberalismo” en los últimos 20 años. Después de que Reagan tomó el poder, el número de las personas que piensan que el  gobierno sirve a “los intereses de pocos y a los intereses especiales”, y no a  “el pueblo” pronto subió del  50% habitual a aproximadamente el 80%.

La esclavitud, la opresión de la mujer y de la clase trabajadora, y otras violaciones severas de los derechos humanos han podido perdurar en parte porque, de varias maneras, los valores de los opresores han sido internalizados por las víctimas. Por eso la “elevación del nivel de conciencia” es a menudo el primer paso para la liberación.

Libertad sin oportunidad es un regalo del diablo, y la negativa a proveeer tales oportunidades es criminal. El destino de los más vulnerables ofrece una medida clara de la distancia de aquí a algo que podría llamarse “civilización.” Cada pocas horas, 1000 niños  mueren de enfermedades que fácilmente podrían evitarse, y casi el doble de mujeres  mueren o sufren una invalidez seria en el embarazo o el parto por falta de cuidado y remedios simples. La UNICEF estima que superar estas tragedias, y asegurar el acceso universal a los servicios sociales básicos, requeriría un cuarto de los gastos militares anuales de los “países en vías de desarrollo”, aproximadamente el 10 por ciento del gasto militar americano. Es contra el fondo de  realidades como éstas que cualquier discusión seria sobre libertad humana debería proceder.

La globalización, al estilo de Porto Alegre, puede ser un factor fundamental para proteger a naciones pequeñas, así como a la población dentro de todas las naciones, grandes y pequeñas. Aparte de ese factor crucial, la cooperación Sur-Sur puede ser un factor independiente que proporcione medios de defensa para las “pequeñas naciones”–no pequeñas en población, sino en el control de la riqueza y los medios de violencia.

El resultado para Brasil dependerá de si las personas de Brasil sean capaces de tomar su destino en sus propias manos, en cooperación con otros en otras partes que sufren problemas similares. Es decir, dependerá de si las personas del mundo puedan provocar el tipo de globalización que beneficie a sus intereses.

Las visiones alternativas son cruciales en este momento de la historia. El modelo cooperativo de Prout de democracia económica, basado en valores humanos cardinales y en compartir los recursos del planeta para el bienestar de todos, merece nuestra seria consideración.

El Dr. Noam Chomsky es un renombrado profesor de lingüística en el  Instituto de Tecnología de Masachusetts (MIT), dónde ha estado enseñando continuamente desde 1955. Sobre setenta libros y más de mil artículos suyos han sido publicados en una gama de temas que incluye la lingüística, filosofía, política, ciencias cognitivas y psicología. Entre los innumerables honores que le han sido otorgados está el Premio 1988 de Kyoto, descrito como el equivalente japonés del Premio Nobel, por su contribución a las ciencias básicas. Chomsky también es uno de los disidentes políticos más prominentes en los Estados Unidos, manteniendo una posición radical durante más de cincuenta años, y lo ha embrollado en la controversia. Diserta por todo el mundo, diseccionando temas como el intervencionismo americano en el mundo en vías de desarrollo, la economía política de los derechos humanos y el papel de propaganda de los medios de comunicación corporativos.

 

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